Leyendo en el tren

– ¿Qué tal? –dice el hombre de pelo canoso y barba perfectamente recortada.

A su lado va sentada una joven que interrumpe su lectura: bien. 

El tren, casi vacío, marcha con su runrún característico.

– ¿Qué tal? –repite, pero esta vez su acompañante no se refiere a ella sino al libro que tiene en sus manos.

– Bien, también.

– ¿Bien?

– Sí, bien.

– Noto poco énfasis. ¿No te convence?

– El libro está bien escrito. Y de vez en cuando tiene alguna chispita.

– ¿Qué quiere decir alguna chispita?

– Bueno, esos momentos que te hacen sonreír de repente. O que te provocan un escalofrío que es agradable.

– ¿Qué personaje te parece mejor?

– Mmmm, diría que Samuel.

– ¿Por qué Samuel?

– Supongo que porque soy una apasionada del arte. También me gusta lo que cuenta en ese diario que para él es mucho más que un diario. Hay momentos en que parece que ni siquiera se atreve a compartirlo consigo mismo. Le da miedo mirar atrás y ver que lo mejor ya ha pasado.

– Es interesante eso que dices. A mí, Sara me sedujo desde el principio… ¿Por dónde vas?

– Ciento ochenta y tres – dice después de mirar el libro.

– ¿Te divierte?

Por unos instantes, parece que ella pierde el hilo de la conversación y reflexiona en voz alta.

– Creo que no llega a quedar bien reflejado el miedo al fracaso que siente. No me refiero a los aspectos más terrenales como su obra o su pareja, sino a algo mucho más profundo. Hasta el momento, creo que a la historia le falta fuerza en ese sentido. Aunque espero que pronto haya algún giro. Le cuesta enfrentarse a la realidad hasta en los aspectos más insignificantes y esa falta de determinación es lo que le lleva a tener en la cabeza esa idea de incapacidad, a veces se siente como un bebé, desprotegido, como si nadie le entendiese, como si estuviera solo. Por cierto, ¿qué se siente cuando alguien va leyendo un libro tuyo?

– No me pasa a menudo. Tengo esa suerte. Pero es una sensación gratificante. Sobre todo si este encuentro da lugar a una charla tan agradable.

– ¿Me lo firmará a pesar de todo?

– Por supuesto..

Por los altavoces del interior del vagón se escucha Pròxima estació Benicarló-Penyíscola, primero en catalán y después en castellano.

– Bueno, yo ya he llegado a mi destino.

– Menuda suerte. Yo todavía tendré que esperar –dice el hombre buscando complicidad.

– Ha sido un placer, Andrés –ella le ofrece su mano al mismo tiempo que se levanta para coger la maleta y su abrigo de la bandeja de cristal.

– Lo mismo digo…

– María.

– Encantado María.

La última luz del día se esconde detrás de unos edificios viejos de ladrillo. Él contempla por unos segundos el paisaje oscurecido, que pasa ante sus ojos a  toda velocidad, luego abre su maletín de piel y saca un libro Las noches que no veré de María Esther Lázaro. Al abrirlo, lo primero que encuentra es la foto de una joven de pelo rizado: Debajo, una breve reseña de la autora de la que destaca su originalidad y frescura. Luego aparecen más datos, algún que otro premio, lo típico. Tras las primeras páginas de cortesía, una dedicatoria: a mis padres, que nunca dejaron de sorprenderme.

 

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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2 respuestas a Leyendo en el tren

  1. abi dijo:

    desenlace arrancasonrisas, me gusta!

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