Carcaj

Cupido tuvo la culpa. Se empeñaba en tentarme. En la oficina, mientras esperaba al autobús, en cada bar. Era como estar frente al pelotón de fusilamiento, una y otra vez. Podríamos haber sido muy felices, Ana. Nada de esto hubiera pasado si el maldito angelito hubiera llevado una sola flecha en su carcaj.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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