La voz del ventrílocuo

Y restos de lágrimas en las mejillas de trapo, como si en verdad manaran de sus grandes ojos negros y no de otros, como si por una vez fuera algo más que una voz prestada, unas piernas que cuelgan, un corazón que no ama; como si se acabara de enterar que un bulto creciente iba a apagar la voz de su amo, que hoy lo abraza muy fuerte, indefenso, sin poder decir una sola palabra.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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