Vocación

No sé, murmura Manuela compungida. Y la enorme pala vuelve a clavarse áspera en la tierra. Y montón a montón, la pequeña caja va desapareciendo. Y su cuerpo baila en silencio con la última palada, y sus rodillas acaban irremediablemente clavadas sobre el pequeño y frío promontorio. Y llora. Y al mirar al cielo se ve correteando con los demás niños por la orilla de la playa, y luego todos boca arriba, tirados en la arena, sonrientes, deseando ser enterrados por ella, siempre cargada de su cubo y su pala.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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