Guerra y paz

Esa noche la tropa cenó compota, pero distaba mucho de la que habían probado en casa. Entre cucharada dulce y sorbo amargo, hubo risas y bromas adultas. Después, unos se marcharon a las tiendas y otros contaron historias de final feliz. Al acostarse, muchos desearon sentirse arropados por el desconocido de al lado, pero el que abrió la boca fue para dar un tímido buenas noches. Después, hubo algún gemido sutil. Y a la luz de los candiles, que nadie se atrevió a apagar, llegó la calma, esa que siempre precede a la tormenta.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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