La inutilidad de los espejos

En cuanto entra en la sala, todas las miradas se centran en él. Frankenstein y el Hombre Lobo le bailan el agua, la bruja hechicera esconde con disimulo su escoba en un acto de coquetería, una retahíla de zombis babean y se arremolinan a su alrededor y a Jason parece que se le dibujara una sonrisa en la cara. Desde siempre, Drácula ha tenido una atracción especial. Imanta y eclipsa al resto de los seres terroríficos de la noche. Aunque a veces, como ocurre en esta ocasión, su pelo excesivamente engominado tenga un aspecto grotesco, sus ojos parezcan asimétricos por el efecto de la pintura negra y la parte superior de su capa quede espolvoreada de un blancor difuso. Y es que no es fácil ir siempre como un pincel cuando no puedes verte reflejado en un espejo.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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