“A ti te tocó ser el pequeño”

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                                            Discurso dedicado a mi hermano Dani el día de su boda con Silvia

Hay dos cosas que me cuestan bastante: expresar mis sentimientos y hablar en público. Por eso estoy aquí.

Lo primero, perdón Silvia, porque este es vuestro día, de Dani y tuyo, y la mayor parte de este discurso voy a hablar de él, y también de mí.

No recuerdo cuando fue la primera vez que mi madre me dijo que iba a tener un hermano mayor pero que al final no pudo ser. Tampoco sé en cuántas ocasiones me lo ha dicho. Quizás, no recordabas que ya me lo habías contado antes. O tal vez, inconscientemente querías decirme algo. Hacerme pensar. Si es así, lo conseguiste. Me hacía una pregunta lógica: si yo hubiera sido el hermano pequeño, ¿qué hubiera pasado con Dani? Porque lo que mis padres han dejado claro en más de una ocasión es que con dos hijos, ellos tenían más que suficiente.

Así que, si a mí me hubiera tocado ser el pequeño, me hubiera hinchado a recibir collejas, pellizcos y otros gestos cariñosos de este tipo. También hubiera sido yo el que más tarde se vería obligado a dejar de llorar cuando nuestros padres llegaban a casa. Esa era la coartada, si no había lágrimas no había castigo. Pero fuiste tú y no yo el que siempre saliste peor parado, excepto aquel verano que mi nariz quedó atravesada de arriba abajo por un arañazo de cuya cicatriz hubiera presumido mucho hoy aquí. Iba a traer una foto para que lo vierais pero la he olvidado en casa.

Me queda la tranquilidad de saber que estas muestras de cariño no han influido en tu personalidad.

Si yo hubiera sido el hermano pequeño me hubiera tocado jugar de portero en cuanto hubiera habido un balón de por medio. Ya fuera en la puerta del garaje de La Solana o en la orilla de cualquier playa en verano.

A ti, el fútbol te daba un poco igual y yo veía mucho Oliver y Benji. Ahora sé lo que debiste pasar. Espero que ya me hayas perdonado.

Pero las cosas como son. Te ha tocado a ti ser el hermano pequeño y eso también tiene sus ventajas. Tendrás que reconocer que tú siempre has sido un poco el mimado de la familia. Porque un poco pelota sí eras con nuestras tías… ¿O no?

Bromas aparte, nunca he creído en lo de la envidia sana, pero contigo ha sido la gran excepción: la envidia siempre ha sido sana, sanísima, diría que admiración. Supongo que al fin y al cabo eso es el instinto.

Porque si te he admirado, y lo sigo haciendo, es por tu capacidad para ser cercano, echao p’alante y sobre todo, más bueno que el pan. También admiro tu sinceridad. Eres un libro abierto. Porque si tienes un mal día, cuando vayas a comprar ese mismo pan, el panadero va a notar que te pasa algo. Eso sí, será una casualidad porque el tiempo que te conozco, no ha habido un día que no te haya visto sonreír. Y cada vez es más difícil encontrar a personas como tú.

De ser quien eres,  tienen gran culpa nuestros padres. Porque nos enseñásteis a saber lo importante y la suerte que supone tener un hermano, ya sea mayor o menor. Nos enseñásteis a cuidarnos y a querernos porque a pelearnos sabíais que aprenderíamos nosotros solos.

Y con esto acabo,  simplemente deciros que os deseo lo mejor, Dani y Silvia, estoy seguro que vais a tener una vida feliz, la misma felicidad que nos dais siempre a todos los que estamos hoy aquí.

13 de julio de 2013, Elda.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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