Mariposas negras

La intención de seguir siendo sólo amigos hace que ella le cuente que se ha enamorado de otro. Lejos de espantar su ilusión, una caterva de mariposas se atropella dentro de él. Ella improvisa un nombre, un color de ojos, un modo de andar que alimentan las larvas que crecen en su estómago. Inventa encuentros fortuitos, desplantes, llamadas no correspondidas, sentimientos abisales. Las crisálidas se despellejan y nuevos lepidópteros de alas duras le golpean. Un día, la imaginación de ella se seca y confiesa su mentira. Entonces, él abre la boca, no para decir una palabra, sino para dejar que infinitas mariposas negras emerjan de su garganta.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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