Llueve sin parar

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Greg Vaughn

El agua espantaba a las avispas escondidas bajo las hojas cuando el coche se detuvo frente a la puerta. La tormenta de finales de verano había sorprendido a todos, también a ella, que salió veloz del vehículo, lo rodeó por la parte delantera y abrió la puerta del copiloto. Estiró su brazo para ayudar a que el hombre saliera. Su figura apareció lentamente. Llevaba un pañuelo violeta en el cuello, en lugar de ojos tenía dos enormes bolsas de piel que apenas le dejaban ver un hilo de realidad y su cara estaba todavía enrojecida, casi en plena ebullición. Cuando ambos alcanzaron la acera, la mujer buscó en su bolso las llaves de la casa. Llamó a su perro, extrañada de que no hubiera salido a recibirlos con los habituales y eufóricos ladridos. En ese momento un rayo de luz atravesó el cielo clavándose en una pequeña parte del jardín. Las avispas se removieron inquietas bajo la alfombra de hojas empapadas que cubría el suelo.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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5 respuestas a Llueve sin parar

  1. Sugerente, intrigante, lectura ágil y condensada. muy BUENO.

  2. Paciano dijo:

    Cada día eres más oscuro

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