La condena

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“The prison” Stefan Dietze

El penado de la celda 273, don Isidro Parodi, recibió con algún desgano a su visitante. A pesar del sombrero, las gafas de montura vintage y el bigote parduzco, no tardó en reconocerlo. Aquello le pareció el colmo. Al muy desgraciado no le había bastado con enviarlo allí por intento –justificadísimo– de estrangulamiento, sino que ahora pretendía humillarlo en su propia celda. ¿Qué sería esta vez?, ¿un chiste del telón, el recurrente cojín de los pedos, un monólogo robado a algún cómico menor? Mientras todo esto pasaba por su cabeza, el otro sacó una cajetilla de tabaco y le ofreció un cigarrillo. Isidro Parodi dudó un instante pero la tentación era demoledora. Así que, sin apartar la mirada de su martirizador, tomó el pitillo, se lo llevó a la boca y acercó su cara al mechero que el otro estiraba en su brazo. El estallido fue acompañado de una llamarada que a punto estuvo de quemarle el poco pelo que le quedaba.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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