Cocido

No era el mar pero se le parecía, le había dicho mamá a papá. Llegamos al pantano con la nevera llena, las bicis, la mesa y las sillas plegables. Y antes de que nos hubiera dado tiempo a descargarlo todo, papá ya había plantado a la abuela en primera línea del agua. Ella no dijo nada: sólo se dedicó a contemplar el paisaje en silencio. Al domingo siguiente, para no perder la costumbre, fuimos a comer a casa de la abuela, pero aquello ni era cocido ni se le parecía.

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Acerca de Adrián

Me gusta contar y no hablo de matemáticas.
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