Instrucciones para subir a una báscula

"21 grams...naught 2012" Sonya G Peters

“21 grams…naught 2012” Sonya G Peters

Una vez haya realizado todas las tareas del hogar que tuviera pendientes: bañar a los niños, tender la colada, recoger los utensilios de la cena, etc. diríjase tranquilamente a su baño (no importa el tamaño del mismo, si usted puede entrar en él, una báscula también). Encienda la luz, cierre la puerta a su espalda, desnúdese y ponga sus pies descalzos en paralelo frente al aparato. Ni muy lejos ni muy cerca (sabrá la distancia adecuada cuando realice la operación). Después, eleve el pie derecho un palmo y apóyelo sobre la superficie de la báscula. Repita la misma operación con el otro pie. Una vez arriba, y sin moverse, cierre los ojos y piense en algo bello: el vuelo de los estorninos, los fiordos noruegos a atardecer, el Concierto nº2 en C menor de Rachmaninoff… Piense en este tipo de imágenes hasta que encuentre la paz interior. A continuación, acceda a abrir los ojos (ambos al mismo tiempo) y dirija su mirada hacia abajo, justo en el lugar donde se encuentra la esfera numérica en cuyo centro, la aguja (normalmente de color rojo) marcará, con un ligero temblor, una cifra concreta. Esto, en el supuesto de que se trate de una báscula analógica porque si la suya es digital es probable que a estas alturas la pantalla esté apagada y no sepa usted cuál es su peso. Si sucede así, le recomendamos reduzca el tiempo previo de búsqueda de imágenes bellas a unos pocos segundos. Sea como sea, supongamos que tiene ante sí, es decir, debajo de sí, la cifra que indica el peso que acumula en todo su ser, esto es, huesos, músculos, órganos, vísceras, fluidos, grasa… Si usted está feliz con el resultado, sonría conteniendo un grito y después, como si nada, vaya a celebrarlo con su gente, que a estas horas le estará echando de menos. Si no está demasiado satisfecho o satisfecha con el resultado, ponga remedio a partir del día siguiente de la forma que más le convenga o apetezca. Eso sí, tenga la seguridad de una cosa: usted puede lograr lo que se proponga. Y ahora vaya y siéntese a ver la tele con su pareja, sus padres, sus hijos, su perro. Y si no tiene a nadie, mejor, más sitio en el sofá para usted. Hoy se lo ha ganado, le pese a quien le pese.

Primer premio VIII concurso literario “Premio Baros”
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Triste final

"Reaping for death" Patrick Lee

“Reaping for death” Patrick Lee

La muerte se ha olvidado de nosotros. Comenzamos a sospechar de su pérdida de memoria la mañana que bajó a desayunar con la túnica negra desteñida por haberla lavado con agua caliente. Otro día, de repente, nos preguntaba malhumorada dónde habíamos escondido su guadaña. O nos la encontrábamos en mitad de la era apuntando al cielo con el rastrillo del abuelo. Ahora, cuando, una vez al mes, vamos a visitarla a la residencia, casi nunca nos reconoce. Pero eso no es lo peor. Lo más triste es cómo la mira todo el mundo. Es como si no acabaran de fiarse de ella, como si sospecharan que de un momento a otro fuera a empezar a recordar.

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Los niños que vinieron del frío

"The crying baby" Tarasonoio Giovanna Mancini

“The crying baby” Tarasonoio Giovanna Mancini

Todo comenzó con la llegada del invierno. Lo que no habían logrado los radiadores de agua caliente, las estufas eléctricas, los braseros de pueblo, el fuego, ni siquiera el sol, lo consiguieron los abrazos.

Nunca supimos quién fue el primero. Y si esos mismos brazos, quién sabe si suaves y fornidos, quién si peludos y esmirriados, fueron los que dieron paso al siguiente abrazo. Y al siguiente. Y al siguiente.

Durante aquellos días de hielo, se convirtió en costumbre que si, por ejemplo, bajabas a comprar el pan, alguien te asaltara en plena calle y te envolviera con sus brazos como si estos fueran papel de regalo y tú un paquete sin voluntad alguna. O si estabas esperando el autobús era habitual que lo perdieras a consecuencia de un largo abrazo.

Casualidad o no, nueve meses después, en plena ola de calor, cientos de mujeres dieron a luz desbordando hospitales y servicios de emergencias. Y algo extraño comenzó a suceder entonces. La gente, al contrario de lo que había pasado meses atrás, comenzó a distanciarse. El bochorno era tal que resultaba imposible permanecer cerca de los demás. Incluso para las recientes madres, que de un día para otro empezaron a abandonar a sus bebés en cualquier parte. Hijos que habían surgido del frío y que tuvieron la mala fortuna de nacer durante el verano más caluroso que se recuerda.

 

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Papá y mamá

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El baúl de los juguetes está cada vez más vacío. Ahora son ellos quienes juegan a esparcirlos por toda la habitación. Y nunca los recogen.

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El Dios del fútbol

"Defeated" Betirri Bengtson

“Defeated” Betirri Bengtson

Es, por unanimidad, el mejor jugador de la historia. Y en este mismo instante está ante el momento más crucial de su carrera. Y de su vida. Si marca, su equipo se alzará por primera vez con la copa del mundo, el único trofeo que falta en el palmarés del futbolista, un verdadero abuso para cualquier mortal. El diez besa el balón, lo coloca sobre punto de cal, da unos tímidos pasos hacia atrás. Y lanza. Y falla. Y en el momento en que deja de llover, sus lágrimas caen al suelo, también derrotadas. Él mira al cielo cargado de culpa pero no alcanza a ver al todopoderoso, que ahora saca todo su arsenal teatral ante el séquito de fieles para justificar el penalti errado: primero se tira de la túnica y el pelo, después lanza el mando de la videoconsola más allá de las nubes. Y en su cabeza suenan, una vez más, esas cuatro palabras: Dios sólo hay uno.

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Remordimientos

"Don't look back, you're not going that way" Jaron Su 蘇建任

“Don’t look back, you’re not going that way” Jaron Su 蘇建任

Los dejaremos entrar: no nos quedará otra. Pero antes les pediremos que se descalcen para que no ensucien más de lo necesario. Les ofreceremos asiento y algo de beber. Subiremos sus maletas a nuestro cuarto: siempre se empeñan en dormir con nosotros. Durante la cena llevarán la voz cantante y habrá días en los que apenas nos dejarán hablar. Al principio lo pasaremos mal, pero acabaremos acostumbrándonos. Y así pasarán las semanas, los meses, quizás, los años. Cuándo marcharse lo decidirán ellos.

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Condicionamiento menos clásico

"This little french guy" Thomas Saliot

“This little french guy” Thomas Saliot

–Prefiero las ratas –dice el hombre mientras contemplan de la mano al adormilado cachorro detrás del cristal.

–¿Qué has dicho? –pregunta ella separando la cabeza del hombro de él.

–Que prefiero las ratas… como animal de compañía, quiero decir. No vayas a pensar mal.

–Ah, vale. Me habías asustado, creía que…

–¿Qué creías?

–Nada, una tontería.

–No, dime –insiste él.

–Déjalo. Cosas mías –dice acomodando de nuevo su cabeza, entrelazando sus dedos con los de él, examinando los ojos del animal. Intentando, de una maldita vez, dejar de salivar.

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